Confrontation: Dogs of War

Para todos aquellos jugadores de Confrontation
 
ÍndiceFAQBuscarMiembrosGrupos de UsuariosRegistrarseConectarse

Comparte | 
 

 Introducción

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Winterblue
Paladin
avatar

Cantidad de envíos : 113
Fecha de inscripción : 28/07/2008
Localización : South Park, Colorado

MensajeTema: Introducción   Vie Ene 23, 2009 5:39 pm

“¡Menuda peste!” remarcó Malanad, tapándose la nariz con los dedos.
En la distancia, las estrellas continuaron brillando en la noche mientras el apestoso olor se extendía por las calles desiertas de Glasinhar como una ola de líquido enfermizo.
“¿Qué es ese olor?” preguntó su esposa con voz cansada.
“No lo sé, pero voy a averiguarlo” respondió, levantándose de la cama.
Malanad caminó con torpeza hasta la ventana y observó el pueblo. Varios de sus vecinos estaban haciendo lo mismo, y se dirigieron nerviosas miradas los unos a los otros. El aire traía olor a carne descompuesta, a viles icores inidentificables... ¿Estaban las legiones de Acheron marchando sobre el pueblo?
El pútrido olor fue rápidamente seguido por gritos humanos, acentuados con gruñidos inhumanos, y una reunión urgente del Concilio se produjo espontáneamente. Algo anormal y horrible estaba sucediendo, y se acercaba cada vez más...
Todos los aldeanos estaban ya despiertos y se separaron en dos grupos: los que podían luchar y los que no podían debido a su edad. Mujeres asustadas sacudían sus cabezas como si el fin del mundo estuviera a punto de llegar. Sus instintos eran muy acertados...
Malanad, un legionario veterano que se aposentó para vivir una vida civil varias semanas atrás, se encontraba lógicamente entre los que podían luchar. Llevaba puesta su vieja armadura y portaba la lanza que el Imperio le había dado por sus incontables sacrificios. El valiente guerrero Akkylanio estaba dispuesto a defender su patria y sus seres queridos una vez más.
Un joven muchacho, suficientemente mayor para poder montar a caballo, fue escogido para ir a alertar al Templo del Justo y Compasivo. Los otros, mujeres, niños, ancianos y enfermos, les fue encomendada la tarea de levantar defensas y rezar. Si los Acheronianos atacaban las posibilidades de supervivencia eran pocas, si no inexistentes, pero todos debían hacer cuanto pudieran por combatir al enemigo por cuanto fuera posible.
“Se está acercando, puedo oír algo” susurró un granjero. Pálido y sin aliento, sujetó su horca con todas sus fuerzas, como si la vida le fuera en ello.
El momento había llegado. El soldado respiró hondo y sopesó su lanza de acero en la mano. Su armadura y sus años de entrenamiento marcial deberían permitirle sobrevivir a la batalla. El veterano ya se había enfrentado a las legiones del Carnero en dos ocasiones, y emergió de la refriega con poco más que un par de feas cicatrices. Había visto a sus hermanos de armas perecer bajo los golpes de los Oscuros anteriormente, pero se trataba de soldados y tal era su destino. Las cosas habían cambiado: hoy luchaba junto campesinos defendiendo sus tierras.
“¡Por allí! Algo se mueve” gritó el herrero señalando una pequeña arboleda.
Una forma humana emergió a cuatro patas de entre los arbustos. Confiando en su elevado número, los aldeanos se acercaron hacia el rostro familiar del hombre herido. Era uno de los pastores del pueblo, que llevaba sus rebaños a las montañas dos veces al año. Yacía en un charco de su propia sangre y una de sus piernas había sido parcialmente devorada. Su cuerpo estaba roto y cubierto de heridas. No estaba muerto, pero podría estarlo. Pronto perecería. Ya se estaba yendo, su rostro congelado por los horrores de los que había sido testigo.
Un relámpago iluminó el cielo nocturno y las primeras gotas de lluvia empezaron a caer. Pronto la tormenta se llevaría la sangre.
“Debemos seguir adelante”, dijo el soldado.
Nadie dijo nada. Las circunstancias habían convertido a Malanad en el líder del grupo. Era el único guerrero de verdad presente, ¡y debía dar ejemplo!. Con un rápido movimiento, se volvió para encararse con sus seguidores. Sus ojos ardían con el fuego de la venganza. ¡Este crimen no quedaría impune!
“¡Merin danos fuerzas! Susurró para sí mismo.
Todos sus sentidos estaban alerta. El soldado retirado siguió el largo y siniestro rastro de sangre, maravillado por la fuerza de voluntad mostrada por el joven pastor. La tormenta se estaba volviendo más y más violenta y las últimas estrellas habían desaparecido tras las nubes.
Pocos minutos después, divisó finalmente lo que estaban buscando: un agujero en el suelo del cual emanaba un hedor horrible y resonaba con ecos extraños. El instinto le dijo que debería volver al pueblo, con su esposa y sus hijos, y esperar la llegada de los Caballeros del Temple.



“Manteneos firmes, no hagáis ruido y estad preparados”, gruñó el Caballero.
Lahn, el sol, estaba ya alto en el cielo, pero casi invisible tras las oscuras y amenazantes nubes. Los diez Caballeros Templarios miraron a su alrededor, sin aliento. Estaban rodeados por una carnicería y destrucción indescriptibles...
Veían partes del cuerpo sajadas esparcidas por doquier, y el claro rastro de sangre llevaba directamente al agujero.
El Caballero se dirigió a la boca del hoyo y gesticuló a uno de sus compañeros para entrar. El guerrero bajó por una tosca y gastada escala de piedra, el silencio sólo roto por el sonido metálico de su armadura sobre los peldaños. Con un rápido movimiento de su mano, indicó a sus hermanos que el camino estaba despejado. Rápidamente se unieron a él y formaron un semicírculo a su alrededor.
Nada. Todo estaba silencioso excepto por el extraño zumbido que resonaba por todo el lugar. Placas de metal adornaban los muros de piedra, que habían sido esculpidos en la misma roca. Uno de los Caballeros juró al pisar lo que parecía ser un pequeño trozo de hueso con retazos de carne todavía colgando de él.
“Seguiremos avanzando hasta encontrar a los responsables de esta carnicería, y entonces los enviaremos al infierno” ordenó el Caballero, abriendo la puerta frente a ellos.


El Caballero saboreaba el amargo nectar del terror por primera vez en su vida. Acuclillado junto a la puerta, el Akkylanio aferraba su espada mientras rezaba a Merin para que pudiera sobrevivir a la batalla que le esperaba. Si pudiera resistir unas pocas horas más, un segundo contingente más numeroso sería enviado a las profundidades de este agujero infernal.
Podía oírlos. Las “cosas” estaban a tan sólo unas pocas yardas, las garras de las criaturas pequeñas arañando el acero y la roca mientras se acercaban.
El Caballero había visto a sus hermanos de armas morir horriblemente, uno a uno, por estas horribles “cosas”. Había luchado contra los malditos clones de Dirz muchas veces, pero estos eran distintos. Parecía que sólo querían... ¡devorar!
Los ruidos habían cesado. Los arañazos habían muerto. Lo único que se oía eran unos golpes sordos acercándose cada vez más. ¿Podía ser que supieran dónde se escondía? Estaban cerca, podía oler su apestoso hedor.
Moriría la muerte de un Caballero Templario, por Merin, por Akkylania. Se puso en pie y abrió la puerta de golpe.
Sus gritos resonaron por todo el laboratorio antes de que la calma retornase.


Última edición por Winterblue el Vie Ene 23, 2009 5:40 pm, editado 1 vez
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Winterblue
Paladin
avatar

Cantidad de envíos : 113
Fecha de inscripción : 28/07/2008
Localización : South Park, Colorado

MensajeTema: Re: Introducción   Vie Ene 23, 2009 5:40 pm

“El verdadero poder es eterno”

Estas palabras de Maldegen Dirz, el Heresiarca, se encuentran grabadas en los muros de sus laboratorios más antiguos, como una promesa siniestra para todos los que se le opongan.
Poco después de fundar la primera Shamir, Dirz tuvo una visión fantasmagórica de una ciudad recién levantada envuelta en llamas. El hereje vió en esto la obra de la Inquisición Akkylania y se puso a maquinar para engañar el plan que el Destino tenía preparado para él. Ordenó la construcción de laboratorios secretos ocultos por todo el Syharhalna y contactó con los supervivientes de la caza de brujas que estaba quebrando el Imperio del Grifo.
El Heresiarca confió la construcción de su futuro imperio al enigmático D'Jabril, el guardián del dios alquímico Arh-Tolth; un hechicero con poderes inhumanos. Obsesionado con su visión, Dirz se sumergió en su proyecto con todo su corazón y alma.
Nadie sabe donde encontró el Heresiarca los fondos necesarios para la construcción de estos laboratorios.
Cuando las estructuras autónomas se volvieron operativas, Dirz usó los clones que las habían construido como sus primeras ratas de laboratorio. Su herencia genética fue entonces modificada para una nueva, más barata y más fuerte generación de seres. Bajo la autoridad del mismísimo Dirz, cientos de clones y prisioneros fueron llevados a estos lugares para ser explotados, vivos... y muertos.
Los alquimistas que fueron asignados a esos lugares malditos nunca salieron de ellos, ya que las puertas sólo podían abrirse desde el exterior. Por ello, su existencia se limitaba a las cuatro paredes de sus nuevas prisiones, cualquier contacto con el mundo exterior les fue terminantemente prohibido.
Tres veces al año, los alquimistas recibían la comida y el agua necesarias para su subsistencia. Alguno de estos pobres infelices, movido por la desesperación, intentó escapar en vano. Los guerreros del Heresiarca capturaron y masacraron a los pocos que intentaron la audacia, llevando sus restos de vuelta a los laboratorios como material para futuros experimentos.
La investigación progresó rápidamente, independientemente de los estudios y progresos realizados en la ciudad alquímica de Shamir. Se inventaron nuevos clones y tratamientos, pero ninguno satisfacía la ambición del perfeccionista Dirz. Eventualmente, aún atormentado por su macabra visión, decidió tomar la responsabilidad él mismo.
El heresiarca concibió entonces el clon Carnyris, una auténtica Aberración, una criatura abominable nacida de las cepas más vulgares y viables, sacadas de los legendarios Isatephs. Los primeros especímenes pasaron por una batería de pruebas rigurosas, pero muy pocas mejoras les fueron añadidas porque el mismísimo Heresiarca los había diseñado. Después de todo, estas Aberraciones eran ya casi perfectas para el rol que se les había destinado.
La cepa que había dado lugar al nacimiento de estos horrores fue discretamente distribuida entre los laboratorios secretos. Dirz quería producir una cantidad astronómica de clones sabiendo que, cuando llegara el momento, su victoria sería rápida y absoluta.
Lo que sucedió a continuación fue lo que el Heresiarca más temía.
Dirz había regresado entre sus seguidores para reinar sobre el joven Imperio de Syharhalna cuando un pequeño ejército marchó sobre Shamir...
La ciudad fue quemada hasta los cimientos e inundada en sangre. Dirz tuvo que retirarse a sus estancias con un puñado de Tecnomantes y el Viajero. Una vez allí, liberó las criaturas que se mantenían en letargo en sus tanques para intentar una desesperada defensa.
Cuando los combates cesaron, los Syhars encontraron a su emperador mortalmente herido, pero aún luchando contra la muerte. Antes de sucumbir Dirz designó al Basileo Antykaïn como su sucesor...
Los sueños del Heresiarca murieron con él y su querida ciudad.
Muy lejos de allí, los laboratorios del Proyecto Híbrido parecieron apercibir el destino de su creador y las máquinas cesaron toda actividad mientras las puertas eran selladas al mundo exterior. Los destinos de los sabios que trabajaban en el Proyecto estaban también sellados, estaban condenados a un final horrible, los rastros del cual aún adornan el acero y la roca de sus laboratorios. El Heresiarca había logrado llevarse su secreto a la tumba.
Al paso de los años, las entradas a estas horribles tumbas fueron cubiertas con capas y capas de arena y tierra...
El Imperio de Dirz luchó y luchó para recuperarse de la muerte de su fundador, pero eventualmente lograron volver a prosperar.
Unos pocos meses atrás, se proclamaron soberanos y lanzaron un contraataque masivo. El Ritual del Alba permitió al dios Arh-Tolth alzarse de las cenizas de Shamir y levantar una nueva ciudad en su nombre. Esta súbita oleada de poder desatado se sintió a través de toda Aarklash como el paso de una cuchilla afilada.
La enorme cantidad de energía alquímica liberada súbitamente reactivó los laboratorios del Heresiarca y abrió el entramado de tanques, despertando criaturas de otro tiempo. Sin amos y sin comida, las bestias se devoraban unas a otras casi tan rápido como las máquinas las iban creando. Grandes horrores esperaban a cualquiera que osara entrar en estos agujeros infernales.
A varios miles de millas de Shamir, uno de estos laboratorios se abrió en el corazón de Akkylania, cerca de una pequeña aldea llamada Glasinhar. Los habitantes fueron masacrados en cuestión de horas y sólo la rápida intervención de los Caballeros Templarios impidió que el horror se extendiera por todo el Imperio del Grifo.
Los Caballeros Templarios, recordando lo sucedido durante la la Gran Purga llevada a cabo por la Inquisición tras el descubrimiento de la herejía de Dirz, mantuvieron esta información en secreto, lejos de los Prelados de Iglesia de Merin. La situación cayó a mi cargo y la Logia de Hod tomó las riendas, ya que el secretismo es nuestro credo. Las fuerzas de la Inquisición recibieron noticias de la masacre, pero no de la existencia de estos laboratorios.
Cuando registraron el lugar, los Templarios de Hod encontraron información crítica acerca de del Proyecto Híbrido y descubrieron con dos instalaciones similares se encontraban en Bran-Ô-Kor y en Syharhalna.
Dos fuerzas fueron despachadas discretamente a esos lugares para neutralizar la amenaza del Proyecto Híbrido antes de que sucediera lo impensable. Una nunca regresó. La otra sufrió graves bajas antes de descubrir la localización de otros dos laboratorios.
Tenemos ahora la certeza de que estos laboratorios son anteriores al Imperio del Escorpión. Dos elementos parecen mantenerse incoherentes: cómo pudieron nuestros enemigos crear tan elaboradas estructuras en el corazón de territorio enemigo y, sobre todo, ¿cómo pudieron olvidar su existencia después?
Sólo puedo tener la esperanza de descubrir al artífice de tan abominable plan pronto. Pero mi impaciencia ha sido templada por el miedo a que un día los herejes tomen control de sus malditas creaciones.


Venerable Ambrosius
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
 
Introducción
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» Introducción y explicación
» Introducción
» Introducción a la programación en C++ Vol. 1
» Introducción: Una ciudad por descubrir
» Una Visita Inesperada [Introducción]

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Confrontation: Dogs of War :: Cadwallon :: Hybrid-
Cambiar a: