Confrontation: Dogs of War

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 Gloria perdida

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Khalwilde
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MensajeTema: Gloria perdida   Jue Feb 27, 2014 7:17 pm

Venga chicos, aprovechando que lo he colgado en la Conf vamos a hacer lo mismo acá:


Hacía muchos años que mi gloria había pasado, un noble caballero como yo, ninguneado hasta la más mínima expresión por indeseables que solo podían hundir más a Cadwallon en el caos. Usureros, barqueros y cuantos gremios se alzaran en la Ciudad Libre. Todos ensombrecían la verdadera importancia de la metropolis y solo unos pocos lo veíamos. Pero no fuimos suficientemente rápidos ni astutos ni, seguramente, sigilosos. Nuestra arrogancia nos hizo mostrar las cartas demasiado pronto sin llegar a sospechar ni por asomo que las raices del mal estaban más arraigadas en Cadwallon de lo que pensábamos. Sophet Drahas había tendido sus redes demasiado hondo y donde no llegaba él la codicia de la gente libre hacía el resto. Con argucias, acusaciones falsas e incursiones salvajes me despojaron de todas mis posesiones y mis títulos quedaron en el olvido. Si una espada no conseguía nada, la pluma de un político corrupto hacía el resto y si un ladrón no podía despojarme de todos mis bienes, los impuestos de los comendadores hacían el resto.

Si mi lugar en lo más alto ya no me pertenecía por mis legitimos honores lo volvería a recuperar a la fuerza... o con el poder del dinero (al menos eso pensé). Y entre todos mis antiguos amigos (por llamarlos de algún modo) solo Feldont me acompañó por la senda de la miseria alquilando su impoluto fusil junto a mi mortífera hoja de acero por unas míseras monedas que nos permitieran seguir con vida y dignidad hasta conseguir la siguiente misión... y volver a empezar. Pero todo cambió cuando Voltenar puso su mirada en nosotros y nos asignó una misión a sabiendas que nos enviaba a una muerte segura. Grave error el de no confiar en mí, el otrora ilustre Sir Rowdan. Volvimos victoriosos y esa misión nos aseguró renombre entre las compañías libres y suficiente dinero como para atraer brazos fuertes a nuestras filas. Y el brazo más fuerte en llegar fue, sin duda, Kidugar. No he de esconder que la idea de tener un Wolfen entre mis hombres no me entusiasmaba, ponía en duda su lealtad e incluso temía porque su carácter altivo no le incitara a reclamar mi puesto como capitán pero su único afán parece ser el de bañar contínuamente sus poderosas espadas en sangre, sin importar de quien sea. Y yo le puedo asegurar mucha diversión de ese tipo.
Ciertamente habría preferido incorporar a la compañía a milicianos disciplinados o a elegantes bastoneros Cynwall pero años atrás descubrí que el camino hacia la gloria me haría pasar por las inmundas cloacas así que ¿porque no olvidarnos de la elegancia, el porte y el honor y buscar la efectividad? Asesinos, ladrones, brujos... todos serían bienvenidos si servían a la compañía. Y de entre todos esos personajes yo tenía en mente a uno en concreto para continuar nuestras proezas. Por eso estaba en los alrededores del lúgubre cementerio principal de la Ciudad Libre, para buscar a otra pieza angular de mi compañía. Pero al lado de un torreón mohoso de la entrada oeste, lo vimos, casi de casualidad, agazapado entre las tumbas y cubierto por los gélidos brazos de la niebla. El hedor que desprendía ese desgraciado era realmente insoportable y se olía a metros de distancia. Un merodeador infame, un vil saqueador de tumbas dispuesto a todo con tal de llevarse un trozo de pan seco a la boca. Me acerqué y él gruñó mirándome directamente a los ojos, sin miedo y sin nada que perder, esperando su ejecución. Lancé una moneda y le dije que le perdonaba la vida, pero que los muertos debían descansar y que los dejara en paz si no deseaba descansar también con ellos. Él comprendió en aquel instante que su vida ya no le pertenecía y desde entonces no he tenido otro Perro más fiel que él.

Ahora empezamos una importante misión en Anakadir y todavía espero la decisión de ese misterioso personaje que espero que pueda ayudarnos en el futuro. Por todos los dioses juro que si no llama a mi puerta yo mismo le cortaré la cabeza.

En el camino hacia la gloria o estás con la Compañía de La Gloria Perdida o estás muerto.
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