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 Ejércitos: Los Caminos del Destino

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MensajeTema: Ejércitos: Los Caminos del Destino   Vie Jul 25, 2008 10:48 am

Numerosos pueblos de Aarklash no están sometidos ni a la Luz ni a las Tinieblas. Objetos de codicia, las naciones del Destino deben entrar en batalla sin cesar para asegurar su independencia y preservar el frágil equilibrio que rige el mundo. No forman una verdadera Alianza y, hablando con propiedad, a veces se oponen los unos a los otros. Sin embargo, los pueblos del Destino bien podrían desempeñar un papel determinante en la batalla de la Edad de las Tinieblas...


Los Enanos de Tir-Nâ-Bor
Los Enanos, pueblo orgulloso y tenaz, viven en su mayoría en el corazón de la cordillera Aegis desde que el mundo es mundo. Las leyendas de las planicies cuentan que estas altas cumbres que casi tocan el dominio de los Dioses están vivas. La piedra vibra con un secreto temblor, la montaña gruñe y suelta humo al ritmo de las grandes maquinarias de bronce que animan las ciudades subterráneas de Tir-Nâ-Bor.
La patria de los enanos es su alma, y los extranjeros son raramente bienvenidos allí. Los que viven en las planicies perpetuaron las tradiciones guerreras de su pueblo, mientras que los de las montañas profundizaron en los secretos de la fragua y el vapor.
Todos ellos esperan el Arrg-Am-Orkk, la última edad, una era de destrucción predicha por los dioses.
Es el tiempo de la Guerra. Los enanos toman las armas y esperan con pie firme a la muerte.¡Bien vivirá quien viva el último!.


Hirh-karn, el Rabioso


Los Goblins de No-Dan-Kar
Cuando uno se relaciona con los goblins, es mejor no fiarse jamás de las apariencias. Su raza fecunda se multiplicó por todos los lugares de Aarklash. Dondequiera que alguien vaya, ellos ya estarán allí antes que él. Cuando la cólera se apodera de ellos, se reúnen y caen en masa sobre su enemigo.
Hace mucho tiempo, los goblins fueron los esclavos de los enanos de Tir-Nâ-Bor. Tras la llamada del Dios Rata, huyeron causando estragos y un pánico indescriptible pues superaban en amplio número a los desprevenidos enanos. Erigieron entonces un Imperio en las ciénagas de No-Dan-Kar, para después dispersarse por todo el continente.
Los Goblins cuentan con un número impresionante de inventores, quienes aprendieron muchos de sus conocimientos a la sombra de sus antiguos amos. Su especie esta dividida en multitud de clanes de los que la mayoría se empeñan en usar el nombre de su Emperador, Isótopo (Izothop).
Dispersados, los goblins son molestos. Unidos por el mismo lenguaje y bajo la misma bandera, se vuelven una plaga.


Becbunzen, Guerrero Strohm


Los Orcos de Bran-Ô-Kor
Nacidos del cruce de cepas genéticas humanas y goblins, los orcos fueron creados durante la edad de Acero por los Alquimistas de Dirz. Estos últimos, buscaban entonces guerreros fuertes y tenaces para defender su naciente Imperio, poco sospechaban que la semilla de la insurrección se había plantado en la sangre de sus criaturas...
Los orcos se rebelaron y tomaron el camino de la libertad a la fuerza, destruyendo cuanto se interponía entre ellos y la liberación, arrasando gran parte de la primera Shamir y hiriendo de tal gravedad al mismísimo Dirz que tuvo que ser suspendido en un estado de Éxtasis.
Su periplo los llevó hasta Bran-Ô-Kor, la Tierra de los Valientes. El Dios Chacal los tomó bajo su protección. Después de haber asegurado su fuerza entregándoles el alma de nobles guerreros, les abrió las puertas del mundo espiritual.
Así fue como los Orcos sobrevivieron durante décadas, a pesar de la aridez de la tierra ocre, la sed de venganza hacia sus creadores y sus vanos intentos de hostigarles. Ahora son lo bastante numerosos para clamar su soberanía, y nada ni nadie podrá hecharlos de sus tierras, y pobre de aquel desgraciado que lo intenté.


Ghorak, La Bestia


Los Wolfens de Yllia
En la era en la que los Dioses recorrían todavía Aarklash, la Diosa Luna ofreció su bendición al más poderoso de todos los lobos. Se volvió el Primogénito, el antepasado de la noble y salvaje raza de los Wolfen.
Las edades pasaron. Numerosos imperios fueron erigidos y fueron tragados por las arenas del tiempo. Los vanidosos señores de la guerra se pelearon entre ellos por obtener algunas líneas en la historia. Los Wolfens, permanecieron fieles al eterno ciclo de la naturaleza que les convirtió en los mayores depredadores del continente.
Por desgracia, la edad del Rag’narok se abatió sobre Aarklash, aportando con ella la corrupción de las Tinieblas y la promesa de una guerra sin piedad. La Furia consume el corazón de los Wolfens y oscurece sus almas puras. Las manadas de guerra se multiplican. Los que se peleaban en otro tiempo por la dominación, luchan hoy por la supervivencia de su raza


Killyox, jefe de Manada


Los Devoradores de Vile-Tis
En otro tiempo, la manada de la Luna Gimiente vivía al Este de Avaggdu. Una noche, una estrella fugaz cayó cercana al círculo de piedra de la Manada, creyendo tratarse de una señal, los Wolfens acudieron al lugar, encontrándose cara a cara con Vile-Tis, dios de las carnicerias y la batalla. Explicó a las criaturas que fue cazado y expulsado por sus hermanos, condenado a vagar sobre Aarklash hasta que el tiempo dejase de existir. Resuelto a vengarse, desveló a los Wolfens de la Luna Gimiente un terrible secreto... Yllia, la Diosa Luna, no amaba a su prole, y el salvajismo que ellos creían ser una noble herencia, no era otra cosa que una maldición que ella les impuso, revelándose Vile-Tis como el padre que fecundó en el vientre de Yllia a los primeros Wolfen. Indignados, decidieron dar la espalda a su Madre y deviar su devoción a Vile-tis, quien les enseñó el arte de la forja de las mejores armas y armaduras con tal de prepararles en una guerra contra los mismísimos dioses y sus fieles, pues asegura la Bestia que fue víctima de sus argucias.
Desde entonces, los adoradores de Vile-tis son temidos, pues devoran la carne de sus enemigos caídos llevados por la ciega rabia, por lo que muchos deciden llevar máscaras o bozales que les impidan tal cosa durante la batalla. Recientemente, muchos semi-elfos, ha decidido unirse a las enseñanzas de la Bestia, encontrando un lugar donde ser aceptados como los descastados que son, del mismo modo que Vile-Tis, con quien en cierto modo, se siente identificados.


Kalyar, el Despertado
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